lunes, 5 de diciembre de 2016

Interesante relato sobre Jacques Cousteau

Fragmento de "Mi Padre el Capitan Jacques-Yves Cousteau" por su hijo Jean-Michel.

El circo de papá Cousteau
Aquella impactante serie para la ABC con apoyos de National Geographic y presentada por Rod Serling (La dimensión desconocida) empezó con programas sobre escualos y quelonios, delfines y ballenas, que a la larga se voltearía en contra del distraído timón a cargo del Calypso.
“Por las Islas Gloriosas papá desarrolló un particular gusto por dos leones marinos específicos, que nombró Pepito y Cristóbal; pensaba que eran muy inteligentes… Y por otro de sus caprichos decidió ‘invitarlos’ a navegar con el Calypso durante el siguiente tramo de su viaje, luego de que obtuvo permiso del gobierno sudafricano.
“Retirar de su hábitat natural a esos lobos marinos, principalmente para entretenimiento del público televisivo estadunidense, es un acto de crueldad. Aún peor, las cámaras captaron horas y más horas en que papá y la tripulación trataban a Pepito y Cristóbal como animales de circo. No hay excusa para ello; pero en 1967 no estábamos sensibilizados hacia la fragilidad de los animales y seres del mar… No habían conocido otras condiciones más que la vida en libertad, así que era perfectamente lógico que se resistieran en nuestras jaulas diseñadas para proteger a los buzos de los tiburones.”
Tras “adaptarse” Pepito y Cristóbal, según pensaba JYC (“yic”, como lo nombra familiarmente el autor), ordenó a su equipo retirarles la red para nadar a gusto, “una mala decisión que se sumó a la desafortunada idea inicial porque ocurrió una desgracia de proporciones vergonzosas: el ‘fiel’ Cristóbal se lanzó a mar abierto y desapareció en el horizonte”. Los infortunios no acabaron allí: “Por extraña casualidad, unos cuantos días después un pescador puertorriqueño lo capturó a unos 100 kilómetros del puerto y a toda prisa lo vendió a una ignorante mujer estadunidense, para quien tener un león marino en su piscina sería divertido para sus amigos ricos. Es difícil imaginar un abuso más flagrante, aunque para ser justos sus acciones fueron un poco más desacertadas que capturar al animal”.
Pretendía demostrar a los espectadores de su nuevo programa de televisión que humanos y lobos marinos pueden convivir armónicamente, y hasta cierto grado así sucedió, “pero no era una amistad que los leones marinos hubieran elegido” y “aprendieron que si se comportaban de cierta manera, recibían como premio un puñado de calamares”. Al final, “el dulce y confiado Cristóbal” enfermó tras devorar un sapo marino y murió. Pepito parecía inconsolable sin su compañero de juegos, y el capitán Cousteau hizo arreglos para liberarlo cerca de las costas de Perú.
“Sin embargo, incluso esta última acción bondadosa resultó equívoca, porque ciertamente Pepito tenía muchas más probabilidades de sobrevivir y prosperar en el océano Índico que en esas aguas al otro lado del mundo… los ‘primos’ de Pepito en esa zona del mundo eran por completo diferentes de aquellos a los que había dejado atrás… Nunca supimos si nuestro amigo pudo adaptarse.”
Pese a que Cousteau recordaría con nostalgia este curioso episodio, al igual que las acusaciones de maltrato por confinamiento a delfines que les provocó a varios el suicidio en albercas del Museo Oceanográfico de París que él dirigía, “no podía reconocer que se había equivocado”, aunque así fuera: “Iba contra su naturaleza”, si bien esto no lo considera Jean-Michel una fortaleza o una debilidad, “tan sólo era un aspecto de su carácter. Así era él. En privado, mi padre expresó remordimiento por el mal manejo de estas criaturas. Pero públicamente defendió sus actos hasta el final”.

No hay comentarios:

Publicar un comentario